29/04/2019
Aquel día que aparentaba ser uno más del calendario, terminó siendo uno muy importante para mi vida.
“Ninguna experiencia es en sí misma una causa de nuestro éxito o fracaso. No sufrimos del shock de nuestras experiencias -el llamado trauma- pero en su lugar hacemos de ellas lo que se acomoda a nuestros propósitos. No estamos determinados por nuestras experiencias, pero el significado que les damos es auto-determinante.”
The courage to be disliked - Ichirō Kishimi
¿ Alguna vez pensaste en cuál fue el día de tu vida que más te marcó, o que consideras el más importante de tu vida por alguna razón ?
Pregunto porque yo sí lo pensé. O capaz no necesité pensarlo mucho para entender que ese fue el día que me marcó. Simplemente me pasaron cosas que no fueron para tanto, pero que con el tiempo miro para atrás y tomo conciencia de lo importante que fue ese día, lo que significó para mi a tal punto que recuerdo exactamente la fecha y nunca la voy a olvidar.
Todos tenemos una pandemia personal. Un momento clave en nuestras vidas que nos obliga a hacer una pausa y a reflexionar acerca de en dónde estamos parados, si estamos bien o no con lo que hacemos, y hacia dónde realmente queremos ir. Y con esto me puedo referir tanto a lo laboral, como a lo personal, los afectos, los vínculos, lo que sea.
También todos tuvimos, quiero creer que sí, ese momento de vulnerabilidad en el cual nos dimos cuenta por fin de que no somos inmortales, y que la bajada se viene en cualquier momento.
Pero volvamos a lo que quería contar: el día que más me marcó. Sí, eso.
Creo que fue un día soleado si la memoria no me falla. Fui a trabajar a la oficina como todos los días entre semana, y era lunes además, lo recuerdo porque el martes tenía que empezar a dictar una capacitación, algo que finalmente no pude hacer por razones que ya las sabrán si siguen leyendo.
La jornada transcurrió sin ninguna sorpresa como cualquier otro día. Había un detalle: me tenía que ir temprano de la oficina, más o menos como tres y media de la tarde, porque tenía una entrevista de trabajo para otra empresa, de callado por supuesto, esas cosas no se cuentan hasta no recibir una oferta concreta, y capaz amenazar a mis jefes de aquel entonces con irme si no me subían el sueldo.
Lo cierto es que esa tarde salí a la hora que mencioné recién, y tomé el bus que me llevaría desde el Centro hacia la zona de Montevideo Shopping. En uno de esos edificios grandes de la zona me tocaba ser entrevistado.
Había ido porque una reclutadora de recursos humanos me escribió para ofrecerme el trabajo, y la posibilidad de tener una charla con ella para conocerme, conocer la propuesta y ver si me convencía, (o si yo la convencía a ella) de que era el indicado para el puesto. Por mi parte fui sin pretensiones de nada, y sin preparación alguna a la entrevista. No tenía interés por cambiar de laburo, y solamente había ido para distraerme un poco, tomar un café de arriba, conocer las oficinas de la otra empresa (muy linda por cierto), y preguntarle si había posibilidad de trabajo remoto, pregunta que fue respondida con un rotundo ‘no’.
Con la sensación de haber rendido muy mal aquella entrevista (pero a la vez tampoco sentirme mal, ya que desde mis pretensiones había ido “a pasear”), bajé por el ascensor silbando bajito, y salí afuera a tomar el ómnibus con el objetivo de ya retornar a mi casa.
Pero el día no terminó ahí obviamente. Me acordé que a las 9 de la noche tenía un fútbol 5 con amigos, así que ni bien llegué a casa me apronté para la ocasión. El fútbol 5 es deporte sagrado, todos queremos jugar, sentirnos atletas por un momento y querer hacer la mejor jugada o el mejor gol aunque no nos salga ni por asomo y terminemos hasta haciendo el ridículo con un gol en contra. Me puse los championes, el short y la remera de fútbol, y fui caminando para la cancha con la emoción de saber que jugaría un partido más de lunes por la noche.
Pero el destino me diría que aquel partido no sería un partido más. Sería un partido especial. ¿ Un mal partido en lo personal ? Puede ser. Porque aquel día lo consideré un partido malo, pero hoy mirando para atrás ese partido cumplió una función en mi vida de manera indirecta.
Lo cierto es que iban más o menos 40 minutos de juego, cuando se da el momento clave: un compañero me da un pase, empiezo a correr con la pelota, y tratando de evitar que un amigo me marque, hice un enganche con pierna izquierda hacia mi derecha. En ese preciso instante, el contrario me pisa el pie, y yo intentando zafar de la marca hago palanca con la pierna izquierda sin quererlo, teniendo el pie fijo y apretado contra el suelo.
Ahí me tiré al piso, y sentí el famoso ‘crack’.
Al principio intenté levantarme, pero no podía pisar con el pie izquierdo. Recuerdo que no podía siquiera tocar el piso con la punta del pie, así que pedí para ir al arco, pero no aguanté ni dos minutos más atajando, no podía ni pisar. Después de que me hicieron un gol, salí de la cancha saltando en un pie y me recosté a un lado.
Me daría cuenta con el pasar de las horas, pero me había quebrado la pierna izquierda era evidente, aunque todos porfiaran incluso yo, que era “sólo un esguince”.
Cuestión que al otro día (no la misma noche porque seguía porfiado en que la cuestión ‘no era grave’) me hago atender por la doctora, que me mira el pie y me dice con sólo mirarlo: “uh eso es fractura de peroné”. Me dio pase a urgencia y me mandó en taxi hasta la mutualista, en donde me sacaron la placa y me confirmaron lo que la doctora había dicho.
Era una fractura de peroné, por suerte sin desplazamiento, lo que implicaba colocarse yeso en la pierna hasta la altura de la rodilla, y guardar reposo en casa por más o menos unos 45 días que es lo que estimaron que demoraba en ‘soldar el hueso’ en esa situación.
O sea, 45 días sin poder ir a la oficina. Suerte que la empresa me dejó trabajar desde casa y me bancó en ese momento. Al pedo no quería estar, de lo contrario me hubiese aburrido muchísimo más.
Y así se dieron las cosas: fueron 45 días con el yeso puesto, más otros 45 sin yeso, pero sin apoyar el pie, y a lo último usando un bastón y apoyando con cautela mientras las sesiones de fisioterapia le iban educando a mi pierna izquierda a moverse nuevamente en su recuperación. Sólo ahí pude volver a hacer lo que consideraba, o al menos lo que yo tenía incorporado en mi mente como ‘vida normal’, después de más de 3 meses de reposo.
Varias cosas destaco de esta experiencia. Primero que nada, el simple hecho de lesionarse gravemente haciendo un deporte de contacto con 28 años de edad, casi 29, era una de las primeras señales que recibí de mi cuerpo, y que eran un mensaje contundente pero entre líneas, de que la juventud en mí estaría comenzando a apagarse de a poco. A eso me refería cuando decía al principio eso de la ‘sensación falsa de inmortalidad’.
Lo segundo, caí en la cuenta de lo importante que es algo tan sencillo y básico como el ser capaz de moverse por sí mismo. La autonomía. En esos meses necesitaba todos los días de la ayuda o de mi madre, o de mi novia, para cosas tan cotidianas como por ejemplo bañarse, ir al baño para otras cosas que ya sabemos, afeitarse, sentarse en un sillón, acostarse en la cama, etcétera.
Tercer punto: sin poder moverme en casa, y trabajando desde ahí, a partir de ese momento me sobraban las 4 horas al día que gastaba en ir y venir de casa al trabajo y viceversa en ómnibus. Qué ironía, ¿ no ? Fui a pedir trabajo remoto a una entrevista, y esa misma noche lo terminé consiguiendo con una fractura. No, querido lector: no sea tan desconfiado ni piense que me quebré a propósito. Pero tampoco ignore que aquí hubo un evento fortuito, una especie de ‘profecía auto-cumplida’ por la vía de una lesión que nadie quiere tener.
Decía que me sobraban a partir de ese entonces 4 horas por día, lo que me dio tiempo suficiente para tal vez encontrarme un poco a mí mismo. Descubrir que había cosas que quería cambiar de mi vida, en particular de mi vida profesional, algunos malos hábitos personales también. Tuve tiempo para leer libros, mirar videos, escuchar radio, aprender cosas nuevas que no las hubiera aprendido si no hubiese pasado por todo esto.
Fue como una mini pandemia personal para mi. Lo digo ahora después de que pasó la verdadera pandemia que nos afectó a todos. Pero esta fue como una pausa en mi vida, un período de tiempo de encierro, que a su vez me llevó a la reflexión, y al análisis introspectivo.
Recuerdo que siempre me iba a acostar temprano en las noches, porque me aburría fácilmente, todo se limitaba a trabajar con la pierna izquierda levantada en frente a mi computadora en el cuarto, después ir a bañarse con todo lo que ello implicaba, luego sentarse en el comedor a charlar con mis padres mirando el insufrible informativo de la tele, por suerte ahora ya no tengo más tele. Pero era ver cómo el mismo patrón de día se repetía una y otra vez. Y el finde era igual, pero con 8 horas más de sobra, había que inventar otros pasatiempos para rellenar ese hueco que sobraba en la agenda.
Pero como dije al principio, a pesar de todo lo que acabo de decir, ese día, hablo del 29 de abril del 2019, ese día fue el día que me marcó, pero no solamente por una fractura, porque una fractura la puede tener cualquiera (no pienso con este relato dramatizar ese episodio: simplemente lo estoy describiendo), y no por eso creer que es un día importante en la vida de alguien, porque mirándolo en frío es solo un día más del calendario. Pienso que a mí me marcó para bien, y que le dio más sentido al resto de los días de mi vida, los que se vinieron después y los que vendrán. Porque no fue el hecho en si lo que marcó, sino la pausa posterior la que me obligó a reflexionar sobre mi vida lo que le da importancia a este día. Porque es importante ‘parar la pelota’ y detenerse a pensar sobre la vida de uno, sobre qué cosas cambiaría. ¿ Voy bien ? ¿ Regular ? ¿ Mal ? ¿ Hacia dónde voy ? ¿ Sé bien hacia dónde ? ¿ Debería pensar en mis objetivos de vida ? ¿ Qué cosas debo cambiar y no lo estoy haciendo porque vivo ‘en automático’ ? Es importante cada dos por tres parar para pensar en eso, y no esperar a que venga una ‘pandemia’ (personal o mundial) para verse forzado a pensar en esas cosas.
Ese fue el día más importante de mi vida hasta ahora. Y espero haberte invitado a pensar si tenés o no, un día que te marcó en tu vida.
¿ Hubiese hecho lo mismo con mi vida si aquél 29 de abril de 2019, tal como me sucedió, no hubiese existido ? ¿ En dónde estaría ahora de ser así ? Nunca lo sabré. Es como el ‘efecto mariposa’ o ‘efecto dominó’ del que tanto se suele hablar.
¿ Hay algún día en tu vida que lo consideres como el más importante ? ¿ Te acordás la fecha exacta ? ¿ Serías capaz de contar en detalle todo lo que sucedió ? ¿ Por qué ese día es el más importante para vos ?