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Micro-relato

Diana

Microrrelato

Diana entró por una puerta lateral esquivando a los lectores como conos. No entendía por qué no se movían de lugar para abrirle un poquito el paso. La sensación interna, que al principio era sólo un tímido aviso, ahora ya se había apoderado por completo de su zona abdominal. El olor a papel y a tinta, si bien era agradable para su olfato, no parecía calmar esa molestia.

Los pasillos angostos de madera color ocre representaban también un obstáculo para ella. En un momento pensó que la alfombra roja que sus pies pisaban no la estaba pudiendo disfrutar del todo.

En una de sus tantas bruscas maniobras, quiso tomar un atajo girando a su izquierda, pero sus pies no hallaron un escalón que se encontraba unos centímetros más abajo de lo esperado. Su caída al suelo no se hizo esperar y el contacto de su cuerpo con los escalones sonó como un tambor africano en pleno ritual.

Un señor mayor quitó la vista de la contratapa de un libro al ver que se había caído, dejó el libro en el estante y fue directo en su ayuda, aunque Diana agradeció y se puso enseguida de pie. Le hizo una pregunta y aquel hombre, desconcertado giró la vista y levantó su brazo señalando a un sitio, Diana agradeció de nuevo y continuó sus pasos. Sintió que los pies no le respondían a pesar de su andar decidido.

Al llegar al final del pasillo pudo ver el cartelito milagroso de la salvación:

Un macaquito con pollera, otro macaquito sin pollera. Una flecha a la derecha.