La luz no daba tregua 1
Micro-relato
La luz no daba tregua en el verano escandinavo. Correr las cortinas blackout era la única manera de concentrarse para conciliar el sueño. Pero Mark no quería dormir: él estaba obsesionado con su proyecto personal que para él era como su hijo.
Ya había gastado como 3 blocks de hojas anotando una lluvia de ideas múltiples, todas diferentes entre sí, y ninguna le hacía sentido, eran como piezas sueltas de puzzles totalmente diferentes.
Entonces se le ocurrió hacer lo que a cualquier creativo se le ocurriría cuando estas situaciones odiosas aunque desafiantes aparecen: salir afuera. Pero sus pies no serían esta vez su medio de transporte, porque tenía muchas ganas de andar en su monopatín, así que lo descolgó de la pared de su cuarto antes de irse.
Veinticinco kilómetros por hora y una brisa suave acariciando su rostro era lo único que Mark quería sentir para olvidarse por un rato de su bloqueo creativo.
Aunque el destino lo haría encontrarse de frente con una situación que jamás se hubiera esperado.
Cuando circulaba parado sobre el vehículo por la ciclovía en dirección sur, un ciclista, completamente absorto en sus propios pensamientos, se le cruza justo en frente de él en la esquina misma por la perpendicular.
El choque fue inevitable y por fortuna ambos llevaban casco. Por fortuna la esquina estaba despejada, y no había nadie más alrededor, ni un vehículo ni un transeúnte que pudiera verse indirectamente afectado. Sólo había dos jóvenes tirados en el piso después de haber sufrido un choque cabeza con cabeza, en el que habían perdido el control.
Cuando Mark se levantó ni siquiera tuvo tiempo de pensar en sus propias heridas:
“Es eso !” - pensó. “Un choque de cabezas ! Sí !“ - exclamó con sorpresa como el que descubrió la pólvora.
El desorientado ciclista, acomodándose mientras se ponía de pie no entendía del todo lo que le estaba pasando a Mark:
“Estás bien ?“ - Preguntó
Ahora el enfrascado en sus pensamientos era Mark, quien sin dudarlo tomó su monopatín y arrancó a conducir de vuelta para su casa.
No había más tiempo que perder.
Porque la luz, al igual que en el verano escandinavo, seguía sin dar tregua.