Volver atrás...
Cuento

La Navidad Soñada

"El sueño del gurí"

Hay un recuerdo de cuando era chico que siempre va a quedar grabado en mi memoria. Estábamos mirando con Papá y Mamá una película de Navidad en el cable. El paisaje de esas pelis es hermoso, a mí siempre me encantó la nieve. Esa capa blanca que cubría las casas, las entradas de los coches. Ver a los yanquis limpiar sus casas para que los autos no se le queden estancados. Otro capítulo aparte es la estética de las casas en época de la Navidad: el árbol con sus chirimbolos a pleno, las medias rojas colgadas de las estufas, los bastoncitos esos rojiblancos, los cantos a coro de los Villancicos, los renos.

En esa peli me acuerdo que hubo una escena en donde Papá Noel (Santa Clós como dicen en las pelis gringas dobladas) llega con su trineo a una especie de lo que sería su depósito: era un lugar remoto, muy frío y árido, lleno de nieve y había una cabaña en donde él llegaba y recolectaba de ahí todos sus regalos.

Yo me había fascinado con esa cabaña, al punto que le dije a mis padres señalando: “¡ Quiero eso ! ¡ Quiero una cabaña en la nieve !“. También recuerdo la tristeza al escuchar la respuesta de mis papás:

— No se puede, Martín … Te puedo armar una casita de madera, pero acá no hay nieve.

— ¿ Por qué ?

— Porque no nieva

— ¿ Y por qué no nieva ?

— Porque el clima no lo permite. Hace frío pero no alcanza para que nieva. No hay montañas altas tampoco como en otros lugares.

— ¿ Y no se puede inventar la nieve ? ¿ Por qué no hay montañas ?

Mi Mamá ya estaba agotada de tantas preguntas. Del por qué del por qué del por qué ... Yo quería tener nieve, pero acá nunca hubo nieve, nunca cayó nieve, la puta madre me tocó vivir en un lugar que no nieva, pensaba. No podré entonces tener mi cabaña en la nieve.

Entonces como no podía tenerla, cuando se empezó a acercar la Navidad, escribí una cartita:

“Querido Papá Noel:

Me porté muy bien en la escuela. Pasé con Sote. Me merezco un premio.

En este lugar donde vivo no cae nieve. No sé. Mamá y Papá me dijeron eso.

Pero si yo me porté bien me gustaría pedírtelo de regalo. Quiero una casita de madera con nieve. Sueño con la nieve quiero hacer bolas de nieve y tirárselas a Mamá y Papá también a Sancho. Sancho va a estar re contento corriendo moviendo la cola por la nieve sé que a él le va a gustar también. Es re juguetón Sancho.

Espero que puedas leerlo

beso

Martín“

Recuerdo que la doblé bien y la dejé en el arbolito. Aún la conservo conmigo en la mesita de luz.

Pero jamás me voy a olvidar de cuando me desperté en la mañana de aquella Navidad.

Fue increíble: Papá había construido una casita de madera hacía unos días atrás, y yo jugaba en ella, pero sabía en el fondo que me faltaba algo, que esa diversión no era completa y no podía disfrutarse a pleno por no tener aquello que tanto deseaba.

Pero la mañana de aquel 25 de diciembre, sentí de pronto que un camión se acercaba a casa. Salí corriendo para el frente a ver qué pasaba:

— ¡ Martín andá al frente a ver quién viene ! — Me gritaba Mamá desde casa, seguramente sabiendo de antemano lo que se venía.

Cuando llegué a la calle me di cuenta de lo que era, y mis ojos no daban abasto de lo grandes que se habían puesto, no me daba la vista para contemplarlo:

¡ Era un camión repleto de nieve !

Sí, la misma nieve con la que soñaba cada vez que me sentaba a mirar las pelis del cable.

El camión ingresó marcha atrás por la entrada de casa, estacionó bien en frente a la casita de madera que Papá había hecho, levantó el remolque hacia arriba, y aquella montaña blanca empezó a caer al suelo, yo me moría de ganas de ir corriendo a sumergirme en ella, pero Papá y Mamá tenían que emparejar la montaña para esparcirla toda alrededor de la casa, y eso fue lo que hicieron.

Yo me moría de ansiedad por jugar.

Cuando terminaron, aquella casita, rodeada del blanco de la nieve, me fui corriendo derecho a abrazarla, pegué un salto y caí boca abajo, era como si un colchón me amortiguara y me recibiera, hundiéndome un poco en el frescor de su presencia.

Mucho tiempo no aguantó, es verano por estos lares, pero fue el ratito más eterno que disfruté en mi vida, haciendo el angelito, armando bolitas con las manos, tirándoselas a Sancho en la cara. Pasamos el mejor rato de todos jugando con Mamá y Papá a perseguirnos y tirarnos la nieve.

Fue la mejor Navidad que pasé en mi vida, y por eso todavía la recuerdo en mi memoria, y queda esa carta aún guardada como testimonio tierno de un pedido que parecía imposible de lograr.