Mi vecino Orpheus
Parecería ser que encontré un apodo para él
Me mudé para un lugar tranquilo pensando que tendría una total paz y armonía. Pero esa estabilidad que tanto anhelo, de tanto en cuanto se ve un poco afectada por la presencia de lo que llamaría un personaje.
Es mi vecino de enfrente.
Un señor mayor, tendrá unos sesenta años más o menos. La primera vez que hablamos se hizo llamar Orpheus, nombre poco común entre uruguayos, y a veces cuando estoy en momentos de aburrimiento me pongo a pensar en un posible apodo para él: ¿ Orfeo ? ¿ Orfi ? Creo que sí, Orfi encajaría bien. Aunque siento que no entraría tanto en confianza con él como para llegar a ese punto. Sentiría también un poco de vergüenza imaginándome a mí mismo pegar un grito en el barrio llamándolo por ese apodo. Creerían que estoy llamando a un perro.
Vive sólo y tiene tremenda casa de construcción tradicional de dos pisos, con techo a dos aguas de teja, y bastantes metros cuadrados de terreno. Para vivir sin compañía de nadie tiene bastante espacio, por no decir demasiado.
La primera charla que tuvimos fue tan extraña como las subsiguientes: me da la impresión de ser un tipo inteligente y culto, pero que en las charlas con las personas divaga mucho y se va demasiado por las ramas. Se vuelve bastante difícil seguirle la charla. Imagináte: empezó felicitándome por la casa que había elegido para mudarme, y después a los pocos segundos empezó a contarme de su vida, que venía de una familia acaudalada, que manejaba seis idiomas diferentes de manera fluida, que había viajado mucho por el mundo, que los europeos cenan más temprano que nosotros, que las valijas diplomáticas no se pueden abrir en migraciones, que Mirtha Legrand ya tiene 99, que él tiene 900 de IQ y que por eso pudo aplicar para estudiar en el exterior. Cuando terminé fui derecho a casa a googlear cuánto de IQ puede tener una persona en las evaluaciones, 900 puntos me había parecido mucho.
Todos temas que no se relacionan ni se tocan el uno con el otro. No sé, yo asentía con la cabeza y le decía que sí y le seguía la corriente.
Así fue como se fueron dando mis conversaciones barriales con él: una vez a la semana, cuando tiene oportunidad, me cruza y me agarra para hablar. Me tiene como media hora conversando, a veces hasta una hora entera, me repite los temas de conversación — el de la valija diplomática y el de la cantidad de idiomas que maneja ya me tienen los huevos al plato, ahora parece ser que maneja 8 idiomas, qué rápido los aprende ! —.
Otro tema es cuando empieza a tirarme comentarios mala onda — la pálida, como decimos acá —. Cada vez que le cuento una nueva reforma que le hice a mi casa, él siempre tiene un pero, a veces con razones. Cuando le mostré la mejora a las pérgolas, él me decía:
Ah, mirá … Yo pensé que el techo lo ibas a hacer de tejas al igual que el de la casa, así te quedaba todo idéntico.
¿ Por qué no compraste madera de eucaliptus ? El eucaliptus dura más, el pino no te pasa más allá de los diez, quince años.
¿ Por qué no pintaste la madera nueva con protector ? Hay unos de caoba que los venden acá a la vuelta.
O cuando compré el auto:
Ah mirá, te felicito ! Igual … esos son chinos tené cuidado. La mejor marca para mí son los Rolls Royce, o Mercedes Benz. El resto … deja mucho que desear.
Con cada pálida de comentario seguía haciendo que sí con la cabeza, pero por dentro con ganas de terminar la charla y volver para adentro de casa. Ahora cada vez que puedo, lo esquivo, cuando no puedo, trato de limitar la charla lo más que pueda. Hacerla corta de alguna forma.
Tengo otra sospecha también: creo que me vigila desde el segundo piso. Él tiene el cuarto ahí, con un ventanal que da contra el frente de mi casa cruzando la calle. Todo lo que hago lo puede ver, y algunas veces me hace comentarios de cosas que él vio que yo hice, y me lo comenta y me pregunta por qué lo hice. Estoy pensando en levantar una muralla en el frente para que no me vea tanto, que le tape un poco el chusmerío, aunque todo cuesta en materiales y mano de obra, y tiempo de trabajo. Es sólo una idea tentativa por ahora.
A veces pienso que está en este mundo con algún propósito. No sé, me da esa sensación. Como si tirar datos al azar en una charla o criticar lo que el otro hace en realidad fuese una especie de mensaje enigmático que nosotros debiéramos desencriptar, y que eso signifique algo más profundo para nosotros. Divague.
En fin, no lo voy a mandar a la mierda, aún no me ha hecho nada que amerite esa acción, y es mi vecino de en frente. Después de todo no dinamites un puente que un día debas cruzar, no ?
Pero en toda situación que nos estemos por encontrar, si puedo esquivarlo, entro para casa caminando ligero, sin mirar para el otro lado como caballo enfocado en el camino.
Y sino, bueno … tocará seguir asintiendo con la cabeza.