MILK vs. MILF
¿ "Llorar sobre leche derramada" ? Te soy sincero: yo sobre leche derramada te haría otra cosa …
Tuve un sueño anoche sobre eso que me dejó dando vueltas la cabeza durante todo el día: no pude trabajar, no pude ir a comprar las cosas, no pude hacer trámites, no fui capaz de hacer prácticamente nada como si fuese un completo inútil, un idiota infantil totalmente tomado por un sueño fantástico.
Te cuento: era un viernes a la noche. Llegaste a golpear la puerta alrededor de las 21 horas, imagino que en el sueño se trataba claramente de una cita porque pude ver por el reloj de pared de casa que fuiste puntual. Te abrí, te miré y quedé congelado: habías venido con un vestido de licra de encaje negro, cuerpo entero, la vestimenta dibujaba tu silueta por completo. En algunos sectores se traslucía: podía ver detalles de tu piel a la altura de tu vientre, también pude ver parte de un sostén de color rojo. Una cartera de igual color colgada de tu brazo parecía la frutilla de esa deliciosa torta que sellaba una presencia muy sensual en vos. Sacudiste el cabello con tu mano y me sonreíste en el momento en que me dijiste “Hola”. Claramente estabas coqueteando fuerte ahí.
Te hice pasar al living, en un cómodo sofá que tengo para recibir a una mujer como vos en estas ocasiones especiales. Recuerdo que estaba por cocinar un guiso de mariscos, una de mis especialidades. Es parecido a una paella pero sin las especias que se le suelen agregar a las mismas, en su lugar le pongo salsa de tomate y queda muy rico.
Puse música romántica para ambientar el encuentro mientras me disponía a picar los ingredientes: cebolla, morrón, ajo y zanahoria es lo primero que suelo colocar en la olla con algo de aceite en el fondo. Luego le agrego una pizca de sal y pimienta, y un puñado de adobo. Mientras picaba las primeras verduras noté que te acercaste: te inquietaba mucho verme cocinando. Veías el proceso desde cierta distancia y con curiosidad, tal vez un par de pasos hacia atrás de donde estaba yo.
Así estuvimos un buen rato, charlamos de las cosas que siempre venimos hablando: literatura erótica, cuentos preferidos, temas íntimos nuestros. En un momento te invité a tomar o comer algo para picar como entrada, y me preguntaste si no tenía cerveza. Serví entonces en un platito unas papitas saladas de copetín. Abrí un par de latas y nos serví en dos vasos. Brindamos mirándonos a los ojos y tomamos el primer sorbo cruzando los brazos como en un brindis de recién casados.
En determinado momento, quería ir a la heladera a buscar una caja de salsa de tomate. Seguiste mis pasos mientras charlábamos manteniéndote a mi lado, y sin querer abro la heladera de golpe, como quien abre algo bruscamente, y una caja de leche aparentemente destapada se cayó del lado interior de la puerta: durante la caída un chorro fue a parar a tus pechos. Yo me puse nervioso porque estaba manchando tu vestido, vos me miraste y te reíste, me dijiste:
“No pasa nada. Sólo me tengo que limpiar. ¿ Podemos ir al baño y me ayudás ?” - Me preguntaste sugerente guiñándome un ojo.
Me empecé de a poquito a calentar, y se me ocurrió una idea muy alocada: bañarte en leche. Tenía como tres cajas más en la heladera, entonces dije:
“Vamos sí. Se me ocurren tantas cosas ... ¿ Qué tal si llevamos leche ?”
“Mmm sos pillo vos” - Me contestaste entrecerrando tus ojos. “Seguime bandido” - Me dijiste con un tono sensual, como si fueras una colegiala de pollera con un cuaderno abajo del brazo. Te dirigiste entonces hacia la puerta con un andar de modelo cruzando las piernas.
Te seguí desesperadamente con las cajas, parecía que no me daban los brazos de llevarlas, y entramos al baño.
Cerré la puerta con decisión, luego te tomé de la cintura y te traje hacia mí con fuerza para que sientas lo que estaba empezando a brotar en la mía. Me quisiste besar en ese instante, pero yo fui por lo que estaba decidido a ir en primera instancia: tu pecho totalmente mojado en MILK. Dejé salir mi lengua hacia el exterior con la cabeza inclinada sobre tus pechos, y comencé a limpiarte de a poquito. Empecé por la parte de tu escote. Me lanzaste un Mmm suave como la brisa de una noche calma en la costa. Primero fue la lengua, luego la misma se apoyó firmemente sobre un pecho para dar lugar a que los dos labios aterricen con seguridad en tu piel, porque no me bastaba con una lamida, yo quería también chupar, y luego también devorar, pero el proceso tenía que llevarse lento para mayor disfrute de ambos.
Mis manos bajaron para comenzar a retirar tu vestido y me ayudaste con las tuyas de a poco. Cuando logramos quitártelo me invadieron las ganas y lo tenía que hacer: tomé una de las cajas, la destapé y la volqué por la mitad del contenido toda en tus pechos de nuevo, mojando tu sostén y tu tanga.
Me dijiste: “Uf, qué grosero” - siguiendo el jueguito.
Te contesté con entusiasmo: “Esperá a ver lo que se viene mi MILF”
Ahí me tiré a chuparte toda. Qué rica esa leche cuando se alimenta de tus pechos, de tu piel, de tus poros. Te los devoré todos, mordiendo tela y chupando la zona descubierta del pecho, haciendo uso de toda mi boca por completo. Luego quité tu sostén, te apoyé sobre el lavarropas y seguí ya en contacto con tus pezones tiernos, y ahí te encendiste, ahí fue cuando gemiste un poquito más, ese Mmmm se empezó a liberar con más confianza y volumen.
Mientras tanto iba tratando de desvestirme yo también, me bajé todo el pantalón y me dispuse a que nuestras pelvis comiencen el baile del contacto, de la fricción con ropa interior puesta: hay algo ahí que calienta aunque aún no haya estimulación piel con piel, es como si nuestras mentes predijeran lo que está por venir y se encendieran aún más en el juego previo. En paralelo a las pelvis y el rozamiento ascendí para comerte la boca: esos labios pintados, embadurnados con el color de la pasión, los tenía que sentir, te pintaste esa noche para encontrarte con mi boca, lo tenía que saborear, era nuestro premio de esa noche. Nuestros labios coordinaban a la perfección ese juego, ese tire y afloje, vos te alejás dos milímetros, yo me acerco de golpe a morder, me retiro, vos te acercás pero apenas los rozás por un segundo, luego yo saco la lengua y te la hundo lamiendo tu paladar, sintiendo los dientes de arriba, vos mordés la lengua suavemente y te volvés a retirar, yo por mi parte succiono tu labio inferior y me retiro …
Ida y vuelta: Vamos, venimos, comemos, nos perseguimos, esperamos, especulamos con los movimientos del otro, como si cada uno supiera lo próximo que va a venir.
Sentí entonces que tu tanga estaba empezando a humedecerse: las telas parecían ya no estar presentes y no tenían más sentido, así que nos quitamos ambas prendas. Ahí aproveché a agarrar lo que quedaba de la primera caja.
Más lechita para más placer.
La vertí esta vez sobre tu vientre, como para que por caída vaya fluyendo hacia la zona de tu entrepierna.
A la mierda el guiso de mariscos.
Qué manjar: Entrepierna con salsa de MILK. Mmmm.
Mis manos fueron descendiendo, recorriendo primero tu abdomen, para luego con la punta de las yemas de mis dedos ir rozando las zonas laterales de tu cintura y luego de tus piernas. Mientras mis manos se entretenían en un juego de yemas sobre piel, mi boca comenzaba a acercarse lentamente a tu ingle. Allí aterricé, lamiendo la MILK sobre la piel, bebiendo a mi mamá MILF de a poco. Bordeando la zona mientras iba barriendo la lactosa. A esta altura tenías los ojos cerrados, y mantenías el torso recostado sobre el lavarropas y los talones apoyados, uno sobre el inodoro y otro sobre el el bidet. Yo estaba posicionado entre tus piernas, con las cajas en un rincón, preparadas para cuando llegasen los derrames correspondientes.
Succioné, lamí, besé con ruido. Disfrutaste el momento, descubrí tu órgano y lo empecé a manejar a placer. Te empezaste a mover, gimiendo con los ojos cerrados. El temblor comenzó a tomar control, suavecito en los primeros segundos, pero después se intensificó más, se volvió un terremoto que rompió la escala de Richter, mientras te aferrabas al toallero con fuerza con una mano, y golpeteabas el costado del lavarropas con la otra. El lavarropas tambaleaba hacia los costados como si se hubiese programado la función de centrifugado con toda la furia.
Ahí acabaste. Lanzaste tu MILK y mi boca la recibió a pleno, la degustó calentita y recién salida del horno. Cuando el suministro terminó te tomaste unos segundos para descansar mientras me agaché para destapar la segunda caja, ahí me dijiste:
“Quiero que entres ahora … Dale ! Pero a pelo, pero llenátela de leche y volcámela a mi también” - y estabas re sacada de eje.
Dale, a tus órdenes por supuesto mi reina.
Saqué mi miembro que ya estaba al palo, tomé la caja y con demencia le vertí un chorro bastante generoso encima.
Estaba fresca carajo.
Luego lo volqué en toda tu zona genital. Una empanada inundada en MILK. Ahí me empecé a aproximar: volví sobre tu boca, bajé a tu cuello, mordí suavemente, succioné y lamí mientras la cabeza de lactosa allí debajo rozaba sobre la puerta blanca despacito. Se iba aproximando. Luego bajé mis labios en un camino de descenso nuevamente hacia tus pechos, mis dedos en paralelo rozando tus brazos, la cabeza de a poco se hacía lugar entre la capa de lactosa y tu piel, y tu carne. Ahí me metí. Entraba suavemente hasta la mitad, salía suavemente hasta que la punta se apoyaba en la puerta, luego entraba con fuerza y salía con fuerza, repetía el proceso varias veces. Te mordías la boca y gemías. Mi lengua se seguía divirtiendo y jugando con tus pechos, mientras me pedías más intensidad y respondía con movimientos más fuertes. El sudor se mezclaba con las partículas de leche.
“Quiero leche !” - Me gritaste.
Me volví en un gesto hacia atrás como para buscar la caja …
“No ! Tu leche !” - Me corregiste en un rapto de locura.
Ah … Volví enseguida sobre lo que debió ser siempre mi trabajo.
Me intensifiqué aún más, aumentando la velocidad de mis movimientos, en paralelo a la de tus gemidos. De pronto un cosquilleo comenzó a surgir de mi zona genital, algo interno, una contracción muscular empuja las cosas de a poco hacia el exterior. La química comienza a liberar una sensación placentera en mí. Estoy acabando.
Mi leche sale disparada hacia el interior de tu ser, y tus temblores de un nuevo orgasmo comenzaban a reaparecer. Ambos eventos combinados en simultáneo, ambos sexos dándose la mano en un encuentro ideal y deseado.
Ahora tenías leche por dentro, y leche por fuera.
Nos tomamos varios segundos para disfrutar del momento. Vos no sé cómo, seguías recostada sobre un lavarropas con las piernas apoyadas de una forma realmente incómoda. Yo rendido totalmente encima, luego de haber expulsado todo lo que tenía. Ambos pegoteados, en una mezcla primitiva de sudor, calor, gotas de leche esparcidas sobre la dermis. Leche mía en tu interior, leche mía escurriéndose y cayendo en gotas hacia el piso, leche depositada en una caja y media restante de cartón …
“¿ Y si brindamos ?” - Me preguntaste mirándome con ojos de satisfecha aunque extenuada.
Pensé un par de segundos, capté el mensaje …
“Obvio !” - Respondí. Me retiré suavemente, el amigo se retiró también bañado de blanco, siendo imposible identificar ya a qué componente correspondía ese blanco, indistinguible ya un blanco sobre el otro blanco. Me incorporé luego me agaché y tomé ambas cajas. La que tenía por la mitad la tomé yo, la otra caja sin abrir te la di a vos porque te vi con sed.
Nos fundimos en una última conexión de miradas que comenzó primero como mirada sensual, para finalizar en un toque cómico, gracioso, como cayendo en la cuenta del juego absurdo que acabábamos de performar en un baño.
“Chin chin salud !” - Dije.
“Chin chin !” - Repetiste.
Dos cajas de cartón de MILK se chocaron, luego los brazos se entrecruzaron otra vez, para beber un sorbo del pico, tal como lo hubieran hecho dos recién casados.
…
En otras circunstancias, claro está.