Una noche en Punta Negra
Un encuentro ansiado hecho realidad
La Ruta 10 Juan Díaz de Solís es una de las más hermosas por sus vistas. Es una ruta costera discontinuada en algunos tramos, que conecta a varios balnearios. Circulando en dirección al este, los cerros decoran el horizonte a mano izquierda dándole al terreno su ondulación característica, mientras que a la derecha siempre fijo, inamovible, infaltable, siempre presente, el mar.
El río ancho como mar, que después se transforma en mar.
Aquella noche iban circulando por ahí en el auto cuando después de mucho dudarlo él tomó la decisión:
— Paramos acá
La Punta Negra es una formación rocosa; para llamarle Península nos quedaría grande el término, pero tiene una forma redonda y suave que se le asemeja a pesar de no ser tan pronunciada. Durante el día algunos pescadores se arriman para disfrutar de su pasatiempo, y se puede apreciar hacia el este la bahía del balneario que lleva el mismo nombre. Durante la noche si bien está todo completamente a oscuras, se pueden apreciar bien chicas y a lo lejos, las luces de los edificios de Punta del Este. Para mejorar la vista se recomienda seguir unos metros más al este, donde el terreno se eleva un poco, y al finalizar el repecho se puede observar mejor toda la costa desde arriba.
Pararon bajando en una zona de pedregullo en donde se podía estacionar. Habían comprado algo para picar y unas cervezas en una heladerita con hielo. La noche se prestaba para disfrutar sin preocupaciones, el cielo estaba completamente despejado y las estrellas tomaban todo el protagonismo que siempre merecieron tener.
Él bajó del auto con la heladerita y Ella con la picada y una manta. Habían esperado a que llegara este momento desde hacía mucho tiempo, y encontrarse cerca el uno del otro parecía un lindo sueño de aquellos imposibles que ambos hubieran querido que no terminara nunca.
Pero era real.
Caminaron unos metros por la bajada y eligieron la mejor de todas las rocas. Ella estiró la manta y la cubrió, él colocó la heladerita a un costado y ambos se sentaron finalmente sobre la creación mineral de la Naturaleza.
No pudieron aguantarse las ganas, la bebida y la comida podían esperar perfectamente, la charla también. Desesperadamente se quitaron la ropa y se entregaron a las mieles del placer. Se habían imaginado infinidad de posturas, de técnicas, de mimos, de caricias, de mordidas, de besos. El mundo está lleno de posibilidades y ellos lo sabían perfectamente, eran los seres más imaginativos y fantasiosos que podían existir sobre la faz de la Tierra. No importaba ya nada más, estaban concretando eso que tanto imaginaron, y todas las historias inventadas se quedaron ahí guardadas entre esos caracteres, entre esos textos que se habían producido a lo largo de los meses de espera, sólo faltaba esa experiencia sensorial, el contacto necesario y anhelado.
Terminaron después de largo rato y se recostaron sobre la roca vestida de manta. Se quedaron por un buen rato mirando el cielo oscuro únicamente iluminado por una infinidad de puntos brillantes.
— ¿ Pensabas que esto no iba a pasar, verdad ? — Pregunta él.
— No, el que no creía eras vos. Yo siempre tuve el objetivo en mi cabeza. Sabía que iba a venir desde el primer día. El ñoño sos vos — Dijo ella riéndose.
— Me encanta cuando me decís ñoño. Acá no se dice tanto —
— ¿ En serio ?
— Sí, no es común escucharlo
— Ahí ta — Dijo ella, y él la miró con una sonrisa en el rostro:
— Seguís jugando a equivocarte con el “ahí va“, y eso que llevás meses hablando conmigo …
— ¡ No seas ñoño de vuelta ! ¡ Siempre te estuve jodiendo ! — Dijo riéndose de forma burlona.
De pronto se hizo una pausa entre los dos, seguían recostados a la piedra contemplando la inmensidad de ese espacio interminable. Luego él volvió a romper el silencio:
— Sabés que el otro día me quedé pensando en algo alocado … ¿ Sabías que la ruta 10 es discontinuada ? —
— ¿ Cómo que “discontinuada“ ? —
— Sí. Que en varios tramos se termina, y vuelve a empezar de vuelta más adelante. Por ejemplo, si siguiéramos para el este ahora, se termina en la Interbalnearia, pero varios kilómetros más hacia el este vuelve a empezar. Después termina en Punta, y pasando Punta por allá … — Dijo como levantando un brazo señalando a un lugar perdido — … Vuelve a empezar de vuelta, por muchos kilómetros más … hasta que cuando termina el departamento termina la ruta. Ahí si ya no sigue más. ¿ Qué loco, no ? — Dijo mientras movía levemente con la cabeza mirando un punto fijo en el cielo.
— ¡ Qué interesante eso que decís ! Igual, ¿ Por qué te acordás ahora de eso ? — Preguntó ella.
— No sé, estoy como queriendo asociar cosas en la cabeza que nada que ver. Pero por ejemplo, vos mañana te vas, y este camino que hicimos juntos en estos días que nos vimos, llamáme poético o loco no sé, se va como a interrumpir … —
— … Como la ruta 10 — Completó ella y ambos sonrieron. Ella siguió:
— ¿ Y vamos a volver a retomar ese camino ? ¿ Cuándo será ? —
— Yo me tengo fe que sí. El cuándo ahora mismo no lo sé, pero me gusta pensar que va a ser mucho antes de lo pensado. A mí me da la loca igual, y me voy de sorpresa para allá — Dijo él abriendo las cejas como sugiriendo algo.
Ambos volvieron a reír de vuelta:
— Así que somos como una ruta discontinuada. Ohh qué hermoso. Me encanta discontinuada. Me calienta esa combinación de ruta discontinuada, ufff … — Dice ella mientras su boca se acerca a la de él:
— Bueno, entonces, aprovechemos este momento de calentura —
Se acercó y le comió la boca sin dudarlo. Ese fue el inicio de otro round más de placer bajo las estrellas.
Era la última noche. Poco importaba la heladerita con hielo y birras (o chelas). Poco importaba la picada. Había cosas más importantes que sentir primero.
Antes de que esa hermosa ruta que ambos construían se corte. Para volver a recorrerla en otro momento.